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Alta política y legalidad

El Quique | Maldonado

@| \”Nuestra capacidad de asombro se ve ya no colmada, sino sobrepasada por las declaraciones de nuestro inefable Presidente. En su diálogo con Búsqueda destaca que la `alta política` (que alguien me explique qué entiende por eso), en los hechos entró a sustituir lo que no funcionaba (en este caso, parece, la legalidad).

Según lo entiendo yo, la alta política no sólo quiere decir comanditas a nivel presidencial sino el aplicar la experiencia política, el razonamiento y la ética, enmarcados en el `imprescindible` marco legal correspondiente, a la solución de temas que tienen que ver con el gobierno de un país o región y del bienestar de la gente que en ellos viven.

Lo otro es, sencillamente, aplicar la ley del más fuerte, el voluntarismo político y/o personal al encare de problemas que, de otro modo, requieren de estudio más profundo, concertar con los que discrepan y de la paciencia necesaria para llevar las cosas a buen fin.

Es obvio que, en el caso de nuestro Presidente, aquel tipo de actitud es considerada la correcta ya que es la misma que aplicó cuando se levantó en rebeldía armada contra una situación que estimó (lo era y sigue siendo) injusta y que no había más remedio que hacerlo ya que el resto del pueblo no hacía lo que era tan `evidente` y necesitaba de sacrificados salvadores.

Considero que este tipo de razonamiento es sumamente peligroso, ya que contrapone la legalidad a la eficiencia y a la obtención de resultados fomentando, de paso, la irreflexión sobre la ponderación, y una apreciación distorsionada de la realidad.

No es posible que se diga que en Paraguay hubo un golpe disfrazado cuando la destitución del Presidente fue hecha de acuerdo a la ley del país, por las personas autorizadas para ello, y en concordancia con el marco legal y constitucional. Personalmente, no estoy de acuerdo con la manera en que la destitución se llevó a cabo. Pero de ahí a cuestionar el derecho de los paraguayos a equivocarse (o no) y a imponer presiones y sanciones en un proceder que es, sin duda alguna, el mismo que critican los países `ofendidos` a Paraguay, tanto en la celeridad inusual como en la base moral, hay un enorme trecho. Y sí, citando a nuestro primer mandatario, ni a un ladrón de gallinas se lo trata así. En ambas situaciones.

Y aquí, nuevamente, se pone de manifiesto la suprema importancia de ajustarse a las leyes, sin excepción de casos ya que ellas son las únicas garantías que tienen los individuos y las naciones más débiles frente a los abusos de los poderosos. Esto no admite, a mi entender, discusión ni doble interpretación. Si estamos en desacuerdo con una ley debemos hacer todo lo posible por cambiarla pero nunca, repito, nunca violarla ya que eso lleva, inexorablemente, al desastre social.

Y si nuestro Presidente considera que eso que él llama `alta política` debe primar sobre la legalidad, entonces estamos en graves problemas. Muy graves\”.

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