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Bicisenda malograda

F.L. | Montevideo

@|Con insistencia, los medios informativos recogen permanentemente comentarios y noticias sobre cómo convertir a Montevideo en una maravillosa ciudad caracterizada por numerosas ciclovías o bicisendas.
Según mis -modestas- comprobaciones al día de hoy, las ya habilitadas están prácticamente desiertas a toda hora, limitando groseramente el tránsito vehicular por las ahora más angostas calzadas. Puede que me digan que estoy equivocado, y que es la gran apuesta al futuro, y que va a quedar demostrado cuando 18 de Julio se convierta en una súper ciclovía espectacular. Veremos… El problema ocurre cuando el diseño de dichas bicisendas está grotescamente errado. Para muestra, elijamos Bulevar Artigas en el sector que corre de este a oeste, con una bicisenda en cada vereda. No pudiendo hacer un dibujo para ilustrar fácilmente el tema, detallemos los sectores que comprenden la así llamada vereda:
Desde la calzada hacia la línea de edificación, la franja 1 sería el enjardinado con las palmeras, franja 2 la bicisenda, franja 3 el enjardinado con los árboles y franja 4 la vereda peatonal (embaldosada) propiamente dicha. Hasta aquí todo impecable. Inclusive vehículos, bicicletas y peatones se encuentran prudentemente separados por las franjas 1 y 3. Pero la maravilla dura poco: hasta llegar a las esquinas.
Allí se produce el caos. La marca de detención para los automóviles que van a cruzar Bulevar Artigas, señalizada en la calzada (que fue repintada recientemente) corresponde al límite de la franja 1 y lo que originalmente era la 2. Además, la bicisenda (franja 2) se traslada en curva a la franja 3. O sea que cuando Bulevar Artigas no habilita el cruce transversal, la fila de vehículos (correctamente dispuestos según las líneas marcadas en el pavimento) impiden directamente el cruce de peatones y ciclistas. Salvo que estos se atrevan a transitar (incorrectamente) entre los vehículos momentáneamente detenidos, con el riesgo de ser atropellados por quien doble desde Bulevar hacia dicha lateral.
Los ingenieros del departamento de Tránsito de la Intendencia capitalina tuvieron la notable idea de que en cada esquina se produzca lo siguiente: el peatón que va por la franja 4 debe trasladarse a la franja 1 (ahí sí va a poder cruzar) y el ciclista que va por la franja 2 se encuentra súbitamente en la franja 3 (si no se llevó a un peatón por delante primero) y no va a poder cruzar. Salvo que no respete su senda, pase a franja 1, y también pueda embestir a un peatón. Luego de haber realizado el cruce, ¡oh maravilla!: el ciclista vuelve a su franja 2, y el peatón intenta llegar nuevamente a la franja 4. Alguien puede preguntar qué pasa si viene una persona en silla de ruedas: como el rebaje del cordón está en la franja 3, es imposible que la persona impedida baje a la calzada en ese punto (por los autos detenidos), y se traslade hacia la franja 1 para hacer el cruce. ¡Por eso se ven, lamentablemente, a ocasionales usuarios de sillas de ruedas, por la calzada! Creo que el Ing. Martínez, al fin y al cabo principal responsable de la IMM, nunca habrá visto en su vida un diseño tan grotesco.
¿Cuál es el resultado real del sistema? Pues la mayoría de los peatones van por la bicisenda, y los ciclistas… por la calzada. Ni hablemos de la microplacita que está en la esquina de Guaviyú, o en la abandonada (ni veredas tiene) plaza de Gral. Flores y Bulevar Artigas. Ahí funciona el “arreglate como puedas”.
Podríamos seguir con el asunto de las sendas “solo bus”, de las cuales abusan los “vivos” que quieren aprovecharse de una vía rápida sin mayores obstáculos, pero ese es otro tema…

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