Contacto via Email [email protected]
Contacto Telefonico 2908 0911
Contacto via correo Plaza de Cagancha 1162

Crítica y autocrítica

Noemí da Cunha | Montevideo

@|Luego de haber elegido a la persona que gobernará en nuestro departamento durante los próximos cinco años; solo hablo de nuestro departamento pues es en el que resido y el que deseo sea gobernado de la mejor manera posible.

Si nos atenemos a la larga lista de críticas que le han hecho a cada uno de los antecesores al cargo, las que prevalecen son la suciedad de la ciudad y el afán recaudador de la Intendencia.

Sobre el afán de recaudar, sobresalen, más en estos días, a raíz de un hecho de pública notoriedad, las caras visibles de tal comportamiento: los inspectores de tránsito, funcionarios que no gozan en absoluto de la aprobación de quienes conducimos y que criticamos sin piedad.

Si nos atenemos a esos dos temas puntuales, basura e inspectores, llegamos al punto que motiva esta carta. No es una frase hecha; es realidad: “Es mucho más fácil criticar que autocriticarnos”.

Cuando no habían contenedores, pedíamos contenedores. Ahora hay cada vez más contenedores y nos quejamos de que no se recoge la basura que está alrededor de los mismos o que no se atienden los contenedores con la asiduidad que nos gustaría. Nos quejamos cada vez que nos multan, pero si hay multa es que hubo alguna falta.

Entonces me pregunto, si nosotros no tenemos ninguna responsabilidad por lo menos en esos dos temas, tan sensibles e importantes, para cambiar esta realidad que a todos nos disgusta, nos preocupa, pero de las que hablamos siempre en tercera persona: no se ocupan de la basura; multan a diestra y siniestra, etc.

¿Qué pasaría si cada uno de nosotros hiciera su mea culpa y asumiera cuánto tiene de responsabilidad en ambos temas? ¿Qué pasaría si nos ocupáramos con seriedad del tema de la basura y cumpliéramos con todas las pautas que nos sugieren? ¿Qué pasaría si no tiráramos un papel al suelo así sea un boleto o el envoltorio de un caramelo? ¿Qué pasaría si no arrojáramos los envases o restos de comida a través de las ventanillas del coche, en plena marcha? ¿Qué pasaría si nos hiciéramos responsables de las mascotas en los parques o veredas de los vecinos y levantáramos su materia? ¿Qué pasaría si no transgrediéramos ninguna de las normas que regulan el tránsito: respetáramos la velocidad indicada en cada lugar, no manejáramos si bebimos alcohol y respetáramos las preferencias? ¿Qué pasaría si no estacionáramos en lugares prohibidos?

Quizás si algo de esto ocurriera, los inspectores se dedicarían a lo que realmente importa: organizar el caótico tránsito para evitar más accidentes y simultáneamente, tendríamos un Montevideo distinto…

Es frecuente leer cartas donde se destacan ciudades en las que es un placer pasear, por la limpieza y lo bien cuidados que están sus espacios. Pero no se dice que en algunos de esos países se multa hasta por cruzar con luz roja, caminando o en bicicleta; estacionar en lugares prohibidos significa una multa de hasta US$ 250; tirar el envoltorio de una golosina también amerita suculentas multas… Acá nada de eso nos pesa en el bolsillo y lamentablemente, allí es donde la enseñanza queda grabada.

Soy consciente de que ya bastante nos “castigan” con los impuestos, patente y contribución inmobiliaria. Pero en esa materia, nuestra acción para atenuarlo, no es tan clara, como sí lo es en lo mencionado anteriormente.

Es probable que alguien que lea estas líneas sienta que es una utopía lo que se plantea. Lo que no es una utopía es creer que si cada uno de nosotros demuestra afecto auténtico por su ciudad, cuidándola y ayudando a cuidarla, obtendríamos esa ansiada ciudad que con nuestra lente negativa e indiferente, esperamos, por idiosincrasia uruguaya, que “otros” nos la construya.

Siempre estamos a tiempo. ¡Intentémoslo!

Compartir Crítica y autocrítica

Comentarios :