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De un abogado

Dr. Fernando Lúquez Cilintano | Montevideo

@| \”Sr. Presidente: soy abogado de profesión, egresé hace casi 8 años de nuestra querida Facultad de Derecho de la Universidad de la República; soy hijo de la clase trabajadora y de la educación pública. Cuya calidad honra y prestigia al título que, con esfuerzo personal y familiar, he accedido, no como dádiva estatal, sino como mérito al empeño de dieciocho años de la vida dedicada a la preparación (tiempo que insumió entre la educación primaria y la universitaria).

El suscrito no tuvo el honor de haberlo votado, pero lo siente como su Presidente, como corresponde. Ese sentimiento se encuentra horadado por una suerte de fusilamiento con infelices adjetivos hacia una profesión edificadora del Estado de Derecho: la abogacía.

Lejos de ser `picapleitos` o `parásitos` del sistema, al decir de Usted, el ejercicio de esta profesión, requiere vocación de servicio social; el abogado es auxiliar de la Justicia, de un Poder del Estado. Sus declaraciones no favorecen un clima de respeto y cordialidad; el agravio y el puño encrespado no llevan a la convivencia que Usted nos llamó a todas y todos a mediados del año pasado 2012. Espíritu que acompaño ampliamente. ¿Sabe usted el daño que un parásito es capaz de hacer a un ser vivo? ¿Sabe usted lo que es un `picapleitos`? Es alguien de mala reputación o deshonesto. Usted, ¿pudo medir el alcance de sus declaraciones? Recuerde que cada quien es rehén de sus palabras y dueño de su silencio. Sus expresiones son rupturistas con una comunidad de trabajadores.

Ciertamente su apreciación duele, al menos a este trabajador de la abogacía, que aporta al fisco y a organismos de recaudación, como debe ser. Devolver, por ejemplo, al Fondo de Solidaridad lo que, en tiempos de crisis económica, supo brindarle al suscrito el ingreso supletorio al familiar para subvenir dos años de su carrera. Reintegro que se hace con gusto, y reviste en sí, un espíritu solidario. No creemos que los parásitos logren entablar una relación de convivencia y de cooperación. Usted, que abogó por la educación deberá recordar que ésta comienza en el hogar. Su modo agresivo y, poco educado, no conduce al país al estado de convivencia que todos anhelos. Señor Presidente, aún puede cambiar\”.

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