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Democracia, triunfo y respeto

Pablo Cestaro | Montevideo

@|Pasando las elecciones, quienes se sienten vencedores pavonean sus sentimientos de victoria frente a quienes se sienten perdedores, como si esto fuera una suerte de revanchismo ideológico, conducta esta que deja una sensación agridulce a la fiesta democrática.

Hace muchos años, realmente muchos años, se definía en la batalla de las Termópilas, Salamina y Platea el destino del mundo. Miles de hombres libres lucharon contra el imperio persa y su ejército de esclavos al servicio de su emperador-dios, permitiendo así, tras vencer en dichas batallas, que el concepto del “poder del pueblo” llegara hasta nuestros tiempos.

Se definía así el mapa político de Grecia, constituida por varias ciudades estado, cuna de la democracia. En un mundo plagado de imperios, Grecia era un faro de libertad del pensamiento y libre expresión. Con guijarros blancos y negros, se votaban las leyes dentro de un parlamento cuyos oradores fueron los pensadores más exaltados que el mundo conocería y sus proyectos e ideas darían un marco para las futuras democracias del mundo, siendo sus postulados enseñados aún hoy.

Las democracias son o pretenden ser un escenario propicio para que el hombre se exprese en todo su potencial, tanto político como religioso, filosófico con la particularidad del pensamiento de cada quien. No es casualidad que en el mundo antiguo, Grecia fuese un crisol de sabios pensadores, descubridores, matemáticos y filósofos de un porte extraordinario no siendo esto a causa de algún Dios caprichoso que decidió iluminar este lugar o a causa de la comida que ingerían, esta efervescencia de conocimientos tan diversos y tan profundos fueron consecuencias de la democracia, hom-bres librepensadores sin que un tirano esclavizara sus ideas y sometieran sus palabras al silencio.

Es por esto que aquellos que se sienten vencedores o aquellos que se sientan perdedores en la contienda electoral dentro del marco de una democracia, deberán comprender que la sangre ya fue derramada por muchos para que nosotros solo tengamos una fiesta.

 “Las tiranías se basan en los ideales más exaltados pero carentes del respeto por los demás”.

La democracia es el poder que emana del pueblo y es el pueblo quien debe regularse a sí mismo en la expresión de ese poder y comprender la responsabilidad que contrae con su ejercicio. El problema con la libre expresión es identificar el límite natural que existe entre lo que voy a expresar y la forma de hacerlo; es decir la forma y el contenido son la clave de toda manifestación democrática exitosa.

Las democracias se debilitan desde dentro cuando se transforma el proceso más importante de una comunidad en simples números porcentuales y expresiones de alegría o tristeza con tintes de odio y revanchismo. A la democracia hay que protegerla, sí, de nosotros mismos y esta es la segunda batalla, luego de que miles de hombres libres, hace ya cientos de años, vencieran en la primera.

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