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Discriminación y destrato

Adriana Riotorto | Montevideo

@|Asumiendo que nuestro país tiene una avanzada legislación sobre los derechos de las personas con discapacidad, que ha sancionado leyes en esa materia así como ratificado tratados internacionales, vuelvo a tener esa triste sensación de que las leyes van más avanzadas que la sociedad, y ni hablar de algunos funcionarios con poder de decisión. En el día de la fecha concurrí a la Intendencia Municipal de Canelones, Municipio de Pando, en mi calidad de Intérprete de Lengua de Señas a acompañar a una persona sorda que pretendía hacer el examen teórico para obtener la libreta de conducir. Su solicitud fue motivada ya que en su primer intento se había sentido terriblemente mal, no sólo por haber perdido el examen, sino por la forma en que fue tratado, por el desprecio y la brutalidad de la que fue objeto por parte de los funcionarios de esa sección. Las personas sordas tienen una lengua materna que es la lengua de señas, siendo el español su segunda lengua, la más extranjera de las lenguas. El examen como está planteado es para personas hablantes del español como primera lengua, por lo tanto es inaccesible para la mayoría de las personas sordas, hecho por el cual ya en Montevideo las personas sordas pueden estudiar y realizar el examen teórico en su propia lengua. No fue lo que sucedió en Pando, cuando dijo que no entendía las preguntas le preguntaron si era analfabeto, si no sabía leer, el contestó que sí pero que no entendía algunas palabras y las preguntas así formuladas, a lo que respondieron que si sabía leer las leyera, y por supuesto lo perdió. Y así se lo hicieron saber a viva voz, frente a todos los presentes lo que le dio mucha vergüenza. El día martes 27 todo fue más violento aún ya que al presentarme como intérprete nos pasaron con una jefa de sección que nos dijo que allí no estaba permitido que fuera acompañado por una profesional, volvieron a preguntar si sabía leer, si era analfabeto, y ya molestos les comenté que existe una ley desde el año 2001, la ley 17378, les expliqué su contenido y me dijeron que esa ley allí no se aplicaba, le hablé del derecho de la persona sorda a ser asistida por un intérprete y la respuesta fue que allí no se aceptaba. Pedí para hablar con un superior y luego de un rato fuimos atendidos por un señor que fue más violento aún, con sonrisa burlona dijo que allí no se admitían intérpretes y que si lo tenía que denunciar lo hiciera, en un desconocimiento absoluto de las leyes y de los derechos y, lo que es peor, del respeto.

En un país que se muestra como modelo de equidad y de respeto, es realmente lamentable tener que seguir sufriendo este tipo de atropellos que no hacen más que hacer sentir a la persona diferente una verdadera discapacitada, vulnerable, atropellada, avergonzada por no ser una persona “común”. ¡Lamentable! Creo que merece Facundo Trujillo -ese es el nombre de la persona sorda que perdió dos días de trabajo y la humillación tan solo por ser una persona sorda y por la crueldad y la ignorancia de un grupo de personas insensibles que no tiene idea del daño que hacen-, una disculpa y la única forma de que eso sea una realidad es respetándolo en su diferencia y que pueda hacer el examen asistido por una intérprete, como así lo dispone la legislación uruguaya.

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