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El aborto. Objeción de conciencia

Olga Sevrini | Montevideo

@| \”`Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo`. Marco Tulio Cicerón, político romano.

El derecho a la vida es el primero de los derechos, por eso una ley aunque sea promulgada con mayorías parlamentarias circunstanciales, nunca será legítima, por no respetar el derecho natural que es anterior al Estado. No lo sería tampoco aunque fuera votada por mayorías de sufragio directo.

Esto ocurre hoy con la ley que promueve el aborto, no ampara al no nacido y las autoridades del Ministerio de Salud pretenden presionar y coaccionar a los profesionales de la salud, y a las instituciones de la salud a realizar actos contrarios a su identidad. Hay que recordar que la función del médico y trabajador de la salud es sanar, curar, velar por la vida de sus pacientes. Lo que caracteriza al acto médico es actuar a favor de la vida e integridad física.

En estos días la población ha sentido una gran tranquilidad al comprobar la multitud de médicos que se han opuesto a la implementación de esta ley injusta y han firmado la objeción de conciencia amparándose en el Derecho Natural, en la Constitución y en la misma ley del aborto. La actitud de estos médicos da gran confianza y esperanza a la población al comprobar que son muchos los médicos que no se dejan amedrentar ni obedecen a las presiones.

Ni la ley, ni los representantes del Ministerio de Salud, pueden obligar a los médicos a realizar actos contrarios a su profesión como es destruir un feto (que es un ser humano).

Una mujer no queda desatendida si en un pueblo o ciudad no hay quién realice el aborto, no se puede considerar omisión de asistencia porque una embarazada no es una persona enferma y el aborto no es un acto médico.

El derecho a tener una conciencia libre y no coaccionada reconocida en la Constitución está ahora siendo violada por las autoridades de MSP que el 11 de enero llegarán a Salto a coaccionar a los médicos de Salto y de la Regional Norte, a indagar, a presionar. Esta situación es indignante y recuerda a los totalitarismos de todos los tiempos. Van a entrometerse en la práctica y autonomía profesional e institucional.

Sea grupal o individual el compromiso de la profesión médica es con la vida y salud de los pacientes.

Y que no confundan la objeción de conciencia, los temas deontológicos con los religiosos como ha pasado. Los fundamentos éticos son de hecho y son anteriores e independientes de las religiones. Recordemos el juramento Hipocrático (450 a 350 AC)\”.

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