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El caso Tania. Un caso más de violencia

Dieter Haym Fielitz | Montevideo

@| \”El brutal ataque del que fue víctima la funcionaria del Mides, Tania Ramírez, avivó un debate bizantino: ¿existe racismo en nuestro país? Y van a haber tantas respuestas que no nos pondremos de acuerdo. Yo tengo la mía.

Por supuesto que sí existe el racismo en Uruguay -lamentable, asqueroso y triste, como en todas las sociedades-, quizás amortiguado por reflejos de la cultura, pero que aflora en circunstancias límites. Si nos atenemos al episodio del que fue protagonista Ramírez, no constituye en sí un acto de racismo (para que lo sea, el racismo debe ser el móvil de la agresión), pero surgieron insultos que bien se pueden catalogar como racistas. Quienes han atestiguado o participado en situaciones similares saben que estos insultos son manejados con naturalidad -en mayor o menor medida- por casi todos los miembros de la sociedad. No reconocerlo es de hipócritas.

Y es ahí donde radica el tema de fondo: una parte importante del país se ha acostumbrado la violencia, el insulto y el desprecio al diferente como manera de arreglar cuentas. Como si ser diferente fuera tan trascendente que logre generar odio en quien se siente `normal`. Recurrimos con una facilidad espantosa al insulto rápido para descalificar a todo aquel que piensa distinto. ¿Cuántos que no creen, con fundadas razones, que este caso se pueda catalogar de ataque racista han sido alegremente calificados de fachos?

El nuestro es un país especial. En su momento llegaron oleadas de inmigrantes y construyeron su vida aquí. Sin embargo los gallegos son blanco de todo tipo de chistes bajos, los judíos son objeto de murmuraciones y desconfianzas, y quienes no tienen apellidos españoles o italianos -o tienen uno polaco, húngaro o alemán impronunciable- no son considerados tan uruguayos como los otros. Muchos de nuestros formadores culturales son de raza negra: Alsina, Rosa Luna, Rada, Obdulio, y decimos estar muy orgullosos de ellos. Sin embargo, los negros en Uruguay han sido los eternos postergados. Lo siguen siendo, a pesar de todos los que se rasgan las vestiduras en su nombre. Todos sabemos que la verdad es cruel.

Yo no siento solidaridad ni con el circo que se ha armado alrededor de este triste episodio ni con los interminables debates que terminan en insultos al que piensa diferente. Mi solidaridad es con Tania Ramírez a secas, por la violencia de la que fue víctima -una más de muchas víctimas-, una agresión brutal y cobarde ante la pasividad de quienes atestiguaron los hechos y nada hicieron para separar o calmar los ánimos. Ese detalle no es menor y muestra un costado enfermo del alma del país.

Así estamos creciendo como sociedad: vacíos de valores, sin norte o rumbo fijo. La solidaridad es con la víctima, no con su color de piel. Las personas no son mejores o peores de acuerdo a su piel, su credo religioso o ideario político: las personas son importantes simplemente por ser personas. El semejante no tiene color de piel. Solo es semejante\”.

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