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En democracia. Regulación de los medios

Fernando Queijo | Montevideo

@| \”Tengo que reconocer que en algunas oportunidades, mientras leo o escucho las noticias, plagadas de robos, muertes y guerras por doquier, experimento dentro de mí una sensación de rechazo e indignación muy profunda.

En esos momentos, y me da vergüenza reconocerlo, llego a pensar que realmente se debería aplicar una ley de control y regularización sobre los medios, para evitar que tanto nosotros como nuestros hijos nos veamos sometidos a esa andanada de relación de hechos violentos o de publicidades groseras o flagrantemente mentirosas que nublan nuestro espíritu.

Afortunadamente, los períodos en que se despiertan en mí esos conceptos autoritarios, dictatoriales y totalitarios, no duran mucho tiempo.

Rápidamente suelo retomar una posición de equilibrio, y asumo que esos lapsus no corresponden en quien defiende y respeta a ultranza el sistema democrático que tanto trabajo nos dio formular, desarrollar y establecer.

La indignación la siento entonces cuando, en el paquete de noticias, compruebo que en filas de varios gobiernos del mundo, ese sentimiento que en mi mente representa apenas un momento, inmediatamente desechado y reconocido como un error casi imperdonable, se ha convertido en hecho verdadero y hasta en política de Estado.

Y la indignación crece cuando verifico que ya no es solamente en Cuba, en Ecuador, en Venezuela o en Argentina que esto se comprueba, sino que en mi propio país se ha creado una Comisión Técnica Consultiva, o algo por el estilo, que está discutiendo diferentes medidas y posibilidades de regulación de los medios.

Para ello, emplean como excusa o justificativo la protección al menor, es decir, la salud mental de nuestros niños. El intento de orientar el pensamiento de la ciudadanía manipulando o recortando los datos, en el afán de crear adeptos al sistema vigente, algo extraído de las filosofías totalitarias que hicieron su aparición en el siglo XIX, pero que ya había sido estudiado y analizado desde tiempos inmemoriales por los sociólogos y psicólogos, no debe extrañarme por cierto en esos otros países, ya que les es necesario para sostener sus sistemas populistas, dictatoriales o cuasi dictatoriales, manteniéndolos disfrazados de democracias, pero llegué a pensar, por lo menos hasta ahora, que no sería necesario en el Uruguay. Evidentemente me equivoqué, y mucho. Gradualmente vamos derivando hacia la destrucción de la democracia, entre cuyos postulados, a más de elecciones libres y periódicas, figura el acceso irrestricto a toda fuente de información alternativa.

Me pregunto por qué no se emplea este mismo postulado para convertirlo en herramienta eficaz para luchar en contra de la violencia o de la droga.

Estoy seguro que los propios medios colaborarían con todo lo que tuvieran a su alcance si elaboráramos una campaña de publicidad donde se hicieran manifiestas las horribles degradaciones a que conduce el consumo de estupefacientes, donde se mostraran, tal vez hasta en forma desgarradora, las consecuencias de la violencia doméstica, o inclusive de las penurias generadas por el encarcelamiento después de una rapiña o de un asesinato.

Los pocos intentos que se han realizado han sido puntuales, y jamás han contado con el apoyo y respaldo efectivo del Estado.

Es mucho más loable que Antel o Ancap hagan donaciones o aportes a estos fines en lugar de destinarlos a dudosas obras o actividades. Creo que hay que poner un poco de esfuerzo y buena voluntad, y dejar de lado las filosofías totalitarias predicadoras de una regulación ilegal y antidemocrática\”.

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