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Hay que legislar. Maternidad y pasta base

A.F. | Montevideo

@| \”El Uruguay, un país que aspira a controlar la distribución de la riqueza, aplica muchos y variados impuestos para recaudar y repartir, pero hay cosas que no se arreglan con plata. Sabe aplicarse muy bien en los números y muy mal en los derechos, ¿o no le preocupan?.

Pasa desapercibida una realidad que es muy común, pero tanto asquea, que no se habla de ello. Hablo del consumo de sustancias, la maternidad y el control de natalidad. Y los primeros que la ven son los operadores de la salud.

Detrás de la droga hay mucho más que delincuencia; las crónicas policiales no se ocupan de bebés que nacen en la vereda. Una mujer consumidora tuvo su última dosis cuatro horas antes de dar a luz (en la vía pública) y su primera dosis dos horas después de haber parido. No pidió ayuda, la gente que la vio llamó a la asistencia y el bebé que nació en este otoño tuvo derecho a la salud por primera vez recién media hora después de venir a este mundo (obviamente no hubo control del embarazo), para ser abandonado en el centro de salud. La `fisura` la hizo retirarse del hospital sin el alta un par de horas después, para volver a consumir.

Y no era la primera vez que lo hacía; con poco más de 30 años ya había abandonado siete niños antes. Este último se salvó de ser `regalado` porque al tener cocaína en la sangre, la ley impide actualmente entregárselo a la madre.

Esto no tiene que ver con el derecho al aborto, no merece discusiones de décadas en el Parlamento; refiere solo al control de la natalidad, y como no puedo controlar que esta mujer tome anticonceptivos todos los días, la solución sería implantarle un DIU, pero no podemos, porque esta mujer `tiene derechos`, tiene derecho a seguir pariendo hijos adictos y abandonarlos. ¿El país tiene derecho a incrementar la tasa de natalidad a este precio? ¿A producir generaciones de niños que nacen en la miseria producto de las adicciones? Al no legislar, y desoír esta realidad, el país lo está tolerando.

Le ruego al gobierno que legisle al respecto y a las masas que se lo exijan; que obligue a las mujeres que llegan a centros asistenciales en tales circunstancias a no poder retirarse hasta ponerse un DIU, así las tengan que esposar a la camilla o anestesiarlas.

Ese bebé no puede ser sano (ni tampoco lo serán sus próximos hermanos), porque la madre consumió los nueve meses pasta base. Y si Ud. le reclama a esa mujer ¿sabe qué le contesta? `Yo hago con mi cuerpo lo que quiero`, y la ley la ampara.

¿Y los derechos de los hijos abandonados de los adictos?

La solución pasa por la prevención: que se limite el derecho a procrear de estas mujeres, que no son incapaces declarados jurídicamente pero lo son en los hechos, dado que su única ocupación y motivación es el consumo. Debiera existir la internación compulsiva pero en Uruguay eso no existe ni para el esquizofrénico que no se quiere tratar, ni para el adicto que ha perdido todo autocontrol, porque los dos tienen `libertad` de elegir, y los demás tenemos la `obligación` de tolerarlo. ¿No era que la libertad de uno terminaba donde empieza la del otro? Eso es libertad con control. En el caso que planteo hay libertad con `descontrol`, y por eso no se pudo evitar que el esquizofrénico matara, ni que la adicta repita la aberración de tratar a su hijo como si no fuera un ser humano\”.

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