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Incapacidad, temor o corrupción

Óscar C. | Montevideo

*|En nuestro concepto, no existirían otros calificativos más adecuados para definir las razones por las cuales no se ha podido combatir en ningún aspecto la delincuencia arraigada irreversiblemente en el país, sin pensar que los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, y el Ministerio del Interior, a pesar de sus intentos con mensajes presidenciales, leyes con severas sanciones, razias, represiones adecuadas y controladas, y sentencias “lights” e incoherentes, no lo hayan podido lograr hasta ahora.
Esta duda nos hace recordar un hecho que fue publicado por el diario El País (16/10/2011) y que expresaba que: “Detienen a dos por acosar sexualmente a menores. Uno de ellos fue procesado, el otro quedó en libertad por falta de elementos para procesarlo”. Los dos casos son de similar gravedad; se trata de individuos, uno en el departamento de Maldonado y el otro en el departamento de Florida, de 29 y 34 años respectivamente, que se encontraban con niños por Facebook para realizarles propuestas de índole sexual. El caso concreto es que uno fue procesado y el otro no, ambos como dijimos de similares características. Lo único diferente fueron las sentencias de los jueces.
Nos preguntamos entonces: ¿se dispone seguimiento si “no hay elementos de prueba suficiente”, como argumentó uno de los profesionales responsables?
Otro hecho inexplicable en materia judicial, publicado por el semanario Búsqueda (13/10/2011), en donde se informaba que “dos jueces obligaron a un hotel a pagar el despido a empleados que robaron mercadería, porque entendieron que eso no constituyó una notoria mala conducta”.
Ahora bien, hemos presentado a la prensa diversos comentarios en base a hechos reales que precisamente nos han preocupado profundamente, como a toda la población, fundamentalmente porque no podemos dejar de observar la notoria impotencia de las autoridades gubernamentales para intentar acabar de alguna manera con esta situación de inseguridad pública, al punto de temer salir de nuestras casas, sobre todo cuando el sol se oculta.
En una oportunidad, confieso, renació una esperanza en mí cuando me encontré con una publicación de El País (25/2/2016), que informaba que “jueces y fiscales critican mano blanda con menores”, y continuaba con que en virtud de la gravedad de los actos delictivos que se estaban cometiendo con total impunidad, “jueces y fiscales piden penas más duras para menores delincuentes”.
No seamos ilusos ni incrédulos, todo lo comentado precedentemente viene a cuento después de haber escuchado al fiscal penal, Dr. Gustavo Zubía, quien públicamente declaró (en Esta Boca es Mía 17/5/2016), lo que fue siempre nuestro concepto y el de mucha gente: que la falta de éxito al combate del delito radica fundamentalmente, con algunas excepciones en el aspecto profesional, en no hacer cumplir el total de la sentencia que merezca el delito cometido, sin perjuicio de estudiarse a conciencia cada caso respecto a eventuales liberaciones anticipadas. Para ello, no hay duda que la jurisprudencia de nuestro país debe darse cuenta, de una buena vez, de la responsabilidad que tiene irreversiblemente en sus manos, entre otras, de nada menos que la vida de sus compatriotas, ante la perspectiva de liberarse indiscriminadamente a delincuentes, mayores y menores, de notoria peligrosidad y violencia, con el curioso precedente de tener la mayoría de ellos, no uno, sino varios antecedentes penales, lo cual, en lo personal, nunca pude entenderlo, como le pasa a mucha gente que así se han manifestado.

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