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Indignado y consternado

Fernando Queijo | Montevideo

@| Supongo que a estas horas son muchos los que se sienten de esta manera. En particular en el Uruguay, pero también a nivel internacional.

La declaración del Secretariado Ejecutivo del FA, dando un respaldo a los excesos de Maduro, a contramano de lo que hemos visto por parte de toda la comunidad mundial, excepto, por supuesto, de las autoridades cubanas, nos están dando la pauta de lo que verdaderamente es esa coalición de gobierno, que el pueblo ha atornillado por otros cinco años en el poder.

“Venezuela se torna cada vez más irreconocible ante el mundo como una democracia, tras ir perdiendo su gobierno legitimidad a diario por el peso de sus violaciones a los Derechos Humanos y el trato inhumano y degradante que impone y despliega frente a los líderes de sus fuerzas democráticas y a sus propios ciudadanos”. El texto, que forma parte del reciente comunicado de la Internacional Socialista, no parece estar muy en consonancia con las declaraciones emitidas desde el FA.

Desde Chile, la hija de Salvador Allende, Isabel, también ha reclamado a Maduro por el respeto hacia los opositores, y la liberación de los presos políticos. Y, realmente, si existe alguien en el mundo que puede hablar y saber sobre lo que es desestabilización de un gobierno, y sobre lo que es la intervención exterior desde las sombras, esa es sin duda Isabel Allende.

No existen términos respetuosos para definir a esta gente, y por ello me abstendré de hacerlo, que acompaña los excesos totalitarios de Maduro, confiando en la institucionalidad de Venezuela, donde, en los hechos, ya no existe ni institucionalidad, ni democracia, ni libertades. ¡Ahh! Me olvidaba. Tampoco existe comida. Los dineros que deberían haberse empleado en comprarla o importarla, se gastaron en comprar armas y formar cuerpos de esbirros en el Sebin.

La posición del Secretariado Ejecutivo del FA revela claramente cuál sería su conducta frente a una presunta crisis de poder en nuestro país. Hacer precisamente lo que por tantos años han criticado y vituperado: encarcelar a los opositores, silenciar a los medios de comunicación, inculpar de todos los males a agentes externos. Es decir, afirmarse como sea en un poder que no les ha sido conferido para que se crean dueños del pensamiento y voluntad de los ciudadanos, sino para que administren un país, cosa que es de lo que menos se preocupan.

En la medida en que la actitud de este grupo, progolpista y dictatorial, se va conociendo en el mundo, muchos asumirán que todos los habitantes de este país somos así.

Quienes no lo somos, quienes respetamos y defendemos la democracia, la verdadera democracia, no esa dictadura de una mayoría que parece haberse enquistado entre nosotros, estamos tristemente condenados a permanecer en las sombras.

Por una parte, no trascendemos demasiado, puesto que no somos agitadores y gritones, ni nos gusta llamar la atención con expresiones irrespetuosas o poco éticas, como es costumbre de ellos, incluyendo en esto al señor que está dejando el sillón estos días.

Por otro lado, obviamente, no queremos que nos encarcelen por disentir muy ruidosamente con una ideología política, acusándonos de manera imprecisa y artificiosa de intentar crear una desestabilización a fin de concretar un golpe de estado.

Creo que, en calma y en paz, el pueblo, en el que todavía confío, aunque sinceramente cada vez menos, debería hacer oír su voz un poco más, para que esta democracia, que aunque asediada, aún tenemos, no se nos vaya definitivamente por la borda.

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