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La ley de protección animal

Alejandro N. Bertocchi Morán | Montevideo

@| \”Aquellos que poseen la fortuna de viajar fuera de fronteras pueden observar en las visiones de la lectura urbana de las grandes ciudades el carácter nacional de sus pueblos. Ello es una particularidad ya probada por los grandes sociólogos y no necesita mucha explicación pues si, por ejemplo, en Londres, Madrid, Tokio o Hamburgo no se ven perros callejeros es porque existe un marco de responsabilidad social que es afirmado por expresas disposiciones de corte estatal o municipal. En esa lógica el individuo es responsable de la tenencia del `mejor amigo del hombre` y de su mismo cuidado ya que también existe un marco legal que defiende los derechos del mismo animal, aunque esto último no se dé en algunos países.

En este Uruguay hasta unos años atrás existía la `perrera`, una odiada institución municipal, que, justamente merced a la presión popular, fue anulada depositando el Estado (o las intendencias), la responsabilidad sobre este tema, en una serie de ONG (protectoras de animales) que en forma abnegada se dedican a estructurar la única manera de dar cierre a este problema: la castración. Este elemento técnico es el más indicado para evitar la proliferación del animal callejero que en sí mismo supone un hecho social que denota la desidia humana y la falta de criterio de muchos ciudadanos.

Empero, hoy es dable observar en cualquier rincón del país que el problema del perro abandonado está tomando otra vez mucha fuerza, en especial en esta hora de pariciones y ello significa una vergonzosa exhibición de las miserias públicas, no otra cosa que una muestra más del descreimiento y la incultura que subsiste en muchos estamentos sociales. Y si a esto se le llama violencia, se está en lo correcto.

Estas ONG necesitan del apoyo de todos pues están laborando con notorio sacrificio, enmarcado en el voluntariado, casi a espaldas de una población que sólo recurre a ellas en cuanto surge en las puertas de sus casas algún desgraciado cachorrito, un alma en pena, echado a la vía pública por manos de gente de liviana moral.

Además, la denominada ley de protección animal (ley 18.471) está aguardando que la saquen del cajón para reglamentarla.

En realidad esta demora (la ley fue promulgada en marzo de 2009) no tiene una explicación acorde con la cantidad de leyes que ha aprobado el Legislativo. ¿No es urgente el sufrimiento animal? Es cosa de la diaria y a mirar para otro lado. Aún permanece vivo aquel desgraciado incidente donde un indigente apaleó cobardemente hasta la muerte a un equino, cosa que indignó a la población por su mediática. Pero a poco, todo quedó allí. Reiteramos, la visión del perro callejero es no solo algo que agrede al humano, sino un lamentable espectáculo que debería ser obviado para bien de la sociedad. Una vez más la burocracia nacional tiene la última palabra\”.

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