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Las cosas por su nombre

C.M. | Montevideo

@| \”En cierta ocasión Abraham Lincoln, discutiendo con un obstinado interlocutor, le preguntó, señalando a una vaca que estaba pastando en un prado cercano: `¿cuántas patas tiene esa vaca?` `Cuatro`, fue la respuesta.

`Muy bien`, continuó Lincon, y agregó: `supongamos que a la cola de la vaca la llamamos pata, ¿cuántas patas tendría la vaca?`. `Cinco por supuesto`, contestó el hombre. `Pues te equivocas`, replicó Lincoln. `Llamar pata a la cola de la vaca no la convierte en pata. La vaca sigue teniendo cuatro patas`.

Algo parecido es lo que está ocurriendo con el llamado matrimonio gay o igualitario, recientemente aprobado en Diputados. En lugar de dejar el matrimonio heterosexual como está y legislar un nuevo acuerdo que regule la unión civil de homosexuales, se optó por llamar a dicha unión `matrimonio`, atribuyéndole facultades del matrimonio tradicional. Se utilizó la misma palabra para designar cosas que son sustancialmente diferentes. Se igualaron los desiguales.

La finalidad primordial del matrimonio es constituir una familia, procrear hijos y cuidar su desarrollo para perpetuar la especie. La unión de dos personas del mismo sexo no puede procrear por lo cual no debe llamarse matrimonio.

Legislar con urgencias y sin la debida maduración conduce a resultados desprolijos y contradictorios que luego son muy difíciles de revertir.

Llamar por el mismo nombre cosas que son diferentes subvierte el lenguaje y genera confusión.\”

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