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Las mamografías

Ing. Ana Rosengurtt | Montevideo

@| Desde 2006 la mamografía es obligatoria por decreto para obtener el carné de salud. Fue competencia del MSP definir que se sometieran a ese estudio cada dos años las mujeres comprendidas entre 40 y 59 años. A partir del pasado 8 de diciembre por la ordenanza 842 serán las mujeres de entre 50 y 69 años las obligadas a mamografiarse cada dos años. Las mujeres comprendidas en el rango de 40-49 fueron excluidas porque los daños (falsos positivos y sobrediagnósticos) que provoca dicho estudio superan a los supuestos beneficios.

Las autoridades sanitarias fundamentan el cambio en recomendaciones internacionales como las de la American Cancer Society (ACS). Ahora bien: recomendar es muy distinto a obligar. Es decir, mientras la ACS recomienda, el MSP se arroga la potestad de imponer criterios susceptibles de ser modificados por resultados de investigaciones en curso. En Norteamérica no se coacciona a las mujeres con la mamografía para ejercer derechos fundamentales como ocurre en Uruguay (acceso al trabajo, al estudio y a la actividad física en todo el país, a la licencia de conducir en Salto y Durazno).

En Europa tampoco es obligatoria la mamografía; por la directiva europea para el cribado del cáncer es requisito ineludible el consentimiento informado previo al estudio, por el cual se le traslada a la mujer la responsabilidad por cualquier daño. En Australia se exige doble consentimiento a las que portan implantes estéticos.

En las antípodas del respeto de los DDHH mediante el consentimiento informado, constituye violencia de género la iatrogenia de la mamografía en el marco de la obligatoriedad uruguaya.

Y como si eso fuera poco, el MSP reporta en su web el origen y el estado de los mamógrafos uruguayos. La mayoría fueron adquiridos de segunda mano superando su vida útil, muchos no están registrados en el MSP, varios no están habilitados por la Autoridad Nacional Reguladora en Radioprotección dependiente del MIEM; es decir, funcionan en condiciones antirreglamentarias y no se puede asegurar que la calidad de sus mamografías ayuden a producir diagnósticos certeros. Esto significa que las tasas de falsos negativos, falsos positivos y sobrediagnósticos en Uruguay han de ser superiores a las registradas en los mamógrafos del primer mundo.

¿No es criminal provocar iatrogenia en mujeres sanas obligándolas a someterse a equipamiento que produce imágenes de dudosa calidad?

¿Cómo se sentirán las uruguayas de 50 años al saber que las mamografías a las que debieron someterse desde hace 10 años no sólo las expusieron a riesgos conocidos que recién ahora se admiten públicamente en Uruguay, sino que además las radiaron irreversiblemente? ¿Cómo se sentirán, las que llegando a los 60 años y próximas a la liberación de este atropello, deban exponerse por 10 años más a mamógrafos obsoletos sin mantenimiento?

¿Cómo serán resarcidas las mujeres de entre 40 y 49 años que obligadas por el carné de salud hayan sufrido las consecuencias de un falso positivo como una biopsia innecesaria? ¿Y las sobretratadas a partir de mamografías no confiables, creídas de que les salvaron la vida con cirugía, radioterapia y quimioterapia innecesarias?

Es propio de la ciencia evolucionar y reinventarse con cada descubrimiento. La ciencia es un experimento constante. Es condenable el Estado que, contrario a la ética y basado en un experimento, impone a sus ciudadanas la obligación de consumir servicios de salud con efectos irreversibles. El único obligado debe ser el Estado, pero a garantizarles el derecho al acceso a dichos servicios cuando libremente cada una los requiera.

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