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Ley de matrimonio. Amor al prójimo

Daniel Reyes Mourigan | Montevideo

@| \”Error de falsa oposición. El proyecto de ley de matrimonio igualitario viene suscitando diversas reacciones en el ámbito de nuestra sociedad. Se elaboran argumentaciones a favor y en contra del referido proyecto. La dinámica social mundial revela una marcada tendencia en este sentido y este hecho no puede ignorarse. Desde mi modesto punto de vista es muy buena la discusión, sin embargo la exposición de argumentos en pro y en contra configura lo que nuestro eximio filósofo Dr. Carlos Vaz Ferreira en su obra `Moral para intelectuales`, denominaba errores de falsa oposición. Es decir, se están sosteniendo planteos que se presentan como opuestos cuando en realidad no lo son.

Desde los sectores cristianos (católicos y no católicos) pretenden, oponiéndose al proyecto, defender el concepto de familia tradicional heterosexual y legítima. Frente a lo cual los sectores que lo promueven, manifiestan que el mismo resulta de la aplicación de los principios de igualdad y no discriminación por orientación sexual. Ahora bien, es absolutamente cierto que el texto sagrado base del cristianismo, la Biblia, establece expresamente la condena de las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo. Según el texto bíblico en el Antiguo Testamento: `No te echarás con varón como con mujer; es abominación` (Levítico 18:22) y en el Nuevo Testamento: `Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos` (1º Carta de San Pablo a los Corintios 16:13).

No siendo menos cierto que por lo menos y según resulta de la investigación llevada a cabo por la Historia, desde la antigüedad greco-latina, las conductas homosexuales se practicaron y se han venido practicando de forma continuada hasta el presente. Entonces, dónde radica la oposición. Desde el surgimiento del cristianismo se han venido combatiendo de manera espiritual y filosófica las relaciones sexuales entre personas de un mismo sexo. Simultáneamente éstas no han dejado nunca de ser una opción dentro de las conductas sexuales. Para los cristianos, el asunto pasaría por educar en base a los fundamentos del propio cristianismo. No dar las cosas por sabidas, sino promover la educación en valores. Entre los cuales se hayan precisamente la creación del hombre y la mujer como los sujetos determinados a asegurar la procreación de nuestra especie. De forma tal que el referido valor se instale en la conciencia individual y le permita, sin discriminar, convivir con la opción del otro. Porque eso es en definitiva el cristianismo el amor al prójimo. Que puede ser cualquier otra persona. Razonablemente los heterosexuales, los homosexuales y los bisexuales, integran esa posibilidad de ser nuestro prójimo. Así la labor del movimiento cristiano, con ley o sin ella, debe ser la misma: proclamar los fundamentos de la fe a todos sin exclusión de ningún tipo\”.

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