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Los olmos no dan peras

Walter Ernest Celina | Montevideo

@| No dejo de sorprenderme en las escasas oportunidades en que asisto a la sociedad médica a la cual estoy afiliado.

Pasaré por alto la robusta estructura burocrática y me detendré en el campo de batalla en que la empresa ha transformado pasillos y antesalas.

Asimismo, dejaré de lado a las prestadoras asociadas para referirme solo a los contenidos de un sistema de pantallas electrónicas, escasas en información y carentes de contenidos instructivos.

Mientras los pacientes aguardan en el recibidor, los laboratorios hacen la promoción de sus productos mediante un golpeteo visual sistemático a través de una red de videos.

Cae por su peso que estas modalidades invasivas suponen erogaciones por instalaciones y equipos y que debieren generar una renta. Pero para la masa social, que soporta el castigo, esto será como un secreto de secta.

Retorno a las pantallas. Si el establecimiento sanitario a cada instante me recuerda tales o cuales medicamentos, seguramente será para que yo, paciente-cliente no los rechace, no los olvide y, para que, dándolos por buenos, al recordarlos también pueda adoptarlos o sugerirlos. De cajón, una tan incitante campaña lleva a obviar consultas, a consumir los productos destacados pues, si son formidables y no hay salvedad de contraindicación alguna, ¿por qué ante un malestar no voy a acudir a ellos de inmediato? ¡Es bastante más sencillo que esperar uno, dos o tres meses para acceder a una consulta!

Tengo la real convicción que está configurado un mecanismo de mercantilización perverso, a contrapelo del manido consejo de “no automedicarse”. Es un colmo verdadero: ¡El virus se propaga desde la sociedad sanitaria!

¿Quién le pone coto a esto?

No será la Unidad Especializada en Medicamentos de ASSE que tiene, al parecer, funciones de farmacovigilancia y recomienda a los galenos “recetar por los principios activos”, aunque en la puerta de sus consultorios estos tengan los videos saturando con recomendaciones de marcas.

No deseando ser escéptico, pregunto públicamente: ¿Quién/nes podría/n controlar a la entidad médica a la que estoy afiliado?

La realidad estremece. ¡Los olmos no dan peras!

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