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Matrimonio igualitario

Nicolás Fossati Crosta | Montevideo

@| \”El viernes 28 de diciembre leí dos cartas que refieren a la ley de matrimonio igualitario, las cuales muy bien escritos por cierto, me han hecho razonar alguna reflexión. Lo bien escritos, en tanto, no los hace valederos, desde mi punto de vista, por razones que intentaré explicar.

Se dice que el legislador debió legislar un `acuerdo de unión civil`, cosa que en el período de gobierno anterior ya se hizo con la ley de concubinato. Pero no es eso lo central de la discusión, sino esa unión entre personas del mismo sexo, que pretende dar a los homosexuales el mismo derecho a la institución matrimonio que los heterosexuales.

Molesta mucho el hecho de que aquellos que no estamos de acuerdo con este asunto seamos, un día sí y otro también, tachados de discriminadores, y en el peor de los casos, homofóbicos.

Yo acepto, porque es correcto, que todas las personas tenemos los mismos derechos ante las mismas situaciones, pero entonces debo entrar al mismo juego de palabras en el que alguna vez los defensores de la ley han entrado.

Si la propia Constitución de la República en su artículo 8 dice que todos somos iguales ante la ley, no reconociendo otra diferencia que la de las capacidades o virtudes, ahí mismo está marcando una diferencia, y por tanto no considero correcto utilizar igual norma a situación distinta.

Cuando la ley habla del matrimonio, lo hace en virtud de la protección que dicha Institución merece, con respecto a los hijos que de ella surjan. Por obvias razones, creo, se ha de entender que desde el inicio de los tiempos, los niños han nacido en una sociedad, en una familia, formada por padre, madre, dos abuelas, dos abuelos, y así sucesivamente. Asusta el hecho de que esa proporción va camino a variar de forma tal que no se tiene idea en qué medida. Sociológicamente también está comprobado que el sujeto que vive en sociedad toma de ella lo que aprende, lo que ve. Entonces se tomará como buena esa diversidad. Esa situación en la que sin ningún tipo de dudas no habrá procreación.

El bien es universalizable, el mal no. ¿Qué quiere decir esto? Lo que está visto como bien se puede hacer y es correcto; lo otro no. Si ponemos como ejemplo la guerra y decimos que es correcta, entonces podemos entrar en ella constantemente y decir que está bien, ante lo cual podríamos a la larga, sin inconvenientes, acabar con la raza humana. Del mismo modo si tomamos como bueno el matrimonio igualitario, a la larga, hombres con hombres y mujeres con mujeres, se casarán entre ellos sin posibilidad de procrear, y también acabaremos con la raza humana\”.

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