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Para destacar

María Verónica Wainberg | Montevideo

@|En estos últimos meses, años quizás, lo que más se ha escuchado en referencia a la muchachada nuestra se resume en estas palabras: “Son vagos, delincuentes, ni-ni, irrespetuosos, no tienen valores, asesinos, planchas, pichis, mínimo esfuerzo, están para la cómoda” y muchas cositas más.

Pero qué grata sorpresa me llevé el día jueves cuando acudí al local de la DGI ubicado en Cassinoni.

Yo no había podido hacer la Declaración Jurada desde mi computadora. No me salía un código y tenía un peso de diferencia. Pero además, sumaba una cifra que no iba. Decidí ir igual a la DGI, aunque al tener empresa abierta no me correspondía. Me agendé por teléfono y concurrí con una carpeta llena de papeles. Y ahí comenzó la grata sorpresa para mi, una caricia para el alma en medio de un período un poco agitado y complicado.

La atención fue excelente. Y todo fue muy ágil.

En la entrada dos simpáticos porteros te dan la bienvenida. Uno de ellos se fijó en la lista, me hizo pasar amablemente escaleras abajo. Allí en un escritorio otra jovencita me recibió con un “Buenos días” y verificó que tuviera todos los papeles y me envió escaleras arriba. Ni bien termino de pisar el Primer Piso, ya venía otra muchacha a mi encuentro, que amablemente me pedía el papelito con el número y me indicó a qué escritorio me tenía que dirigir, pues ya me iban a atender.

Me siento y le explico todo medio resumido al muchacho que trataba de seguir en su computadora lo que yo le iba mostrando. Me dice: “En realidad yo no le puedo hacer la Declaración, pues usted tiene empresa, pero como facturó en cero, la voy a ayudar igual a ver dónde está el error. Espere que voy a llamar a mi supervisora”.

Vino la supervisora, otra muchacha joven, que se presentó muy amablemente y juntos estuvieron siguiendo la declaración presentada por mi. Un peso de diferencia fue lo que saltó primero… luego una suma que no correspondía así como yo la había hecho. Me aconsejó que para que no hubiera diferencias entre el BPS, DGI y lo que yo sumaba, que fuera a retirar en tal oficina un resumen X. Y tuvo la gentileza de imprimirme una copia de lo que yo tenía que pedir para que no me dieran otra cosa en su lugar.

Para sorpresa mía, el joven del escritorio me dice: “Si usted trae ese resumen y todos los papeles, venga el lunes antes de las 14 hs que yo le hago la Declaración, no saque número, usted pregunta por mi”. No tenía porqué, estaba haciendo un trabajo extra. Pero la verdad es que me resultó tan gratificante, tan solidario, tan extraño en estos tiempos vividos bastante carentes de valores y cordialidad.

Salí más que agradecida y hasta sorprendida de allí, y con la firme decisión de enviar una carta de agradecimiento porque las cosas buenas hay que hacerlas saber. Un agradecimiento a ellos, un elogio por dar el ejemplo, hace que sigan por el camino correcto. Y espero que cada día se sumen más.

Me parece una idea estupenda darle la oportunidad a los becarios para realizar estos trabajos. Que tengan la oportunidad de trabajar, en vez de estar desempleados, de hacerse de experiencia laboral, de haber sido correctamente capacitados para ayudarnos. Pero sobre todo, más allá de lo técnico y académico, que hayan sido formados para tratar al público con amabilidad y paciencia, recuperando esos valores y esa cordialidad, que muchos hoy en día añoramos, y que en algún momento supo ser orgullo de nuestra sociedad.

Felicitaciones.

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