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¡Paremos por favor!

Eduardo Milán | Montevideo

@|Todos los uruguayos sin exclusión, debemos poner nuestros mayores esfuerzos en lograr revertir la ola de intolerancia, soberbia, violencia en todas sus formas, desatención de la educación, de la salud, la destrucción de la familia, etc.

Todos somos responsables del decaimiento que año a año viene produciéndose a nivel de toda la sociedad (aun en aquellos sectores de nivel económico alto) en donde prima el principio de que primero yo, segundo yo y tercero yo.

Días pasados pude ver en un programa de TV a la directora del Instituto de Excarcelados quien señaló que le alarma ver en un mismo penal y al mismo tiempo, al abuelo, al hijo y al nieto, lo que demuestra que hay ya más de una generación perdida y que será muy difícil de recuperar.

Asimismo, en otro programa vi al periodista de policiales de Canal 10 quien manifestó que lo que le preocupa son los hijos de los procesados.

Ahora bien, todos los que tenemos alguna participación en el quehacer diario, debemos ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos.

Desde el punto de vista de un gobierno -cualquiera sea éste-, no puede anunciar la necesidad de aplicar la austeridad a rajatabla y luego sectores de ese mismo gobierno procedan a violentar ese anuncio de austeridad, generado gastos que no son imprescindibles, aumentando salarios mediante “trucos seudo legales” a los asesores y personal allegado a los jerarcas.

Los opositores por su parte, muchas veces no actúan con la debida altura sino que responden a intereses de sus partidos.

Sindicatos, agrupaciones, la sociedad toda, está dispuesta a deponer los egoísmos y pensar que el país es uno solo; o lo salvamos entre todos o lo sepultamos en la más oprobiosa de las dependencias.

Acaso somos tan tontos que nos sentaremos a esperar la llegada de algún “Mesías”, ya que nuestro sentir de grises y melancólicos intelectualoides no nos permite luchar por lo que fuimos en otra época.

Basta, “arranquemos” para las 8 horas como fue en otro momento. No podemos aceptar que a los jóvenes haya que “motivarlos” para que estudien. Deben ser inculcados a nivel de su familia sobre las responsabilidades de cada uno y pensar menos en los “derechos” y sí más en las “obligaciones”.

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