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Pasmosa idiosincrasia nacional

Gonzalo Pou | Montevideo

@|Definitivamente estamos ante un grave problema de actitud. El artículo de El País (8/8/2017) “Niños de escuela pierden clases por falta de ómnibus”, es el enésimo ejemplo que pone en evidencia nuestra actitud frente a cualquier problema que se presenta. La primer reacción es dar explicaciones, tomarlas como justificaciones y ni por asomo buscar soluciones cosa de resolverlos en tiempo y forma.

El problema: escuela rural, 36 alumnos, 25 llegan por transporte colectivo regular suburbano y 11 por un ómnibus contratado. El ómnibus es una solución compartida entre Primaria, la Intendencia y la Comisión de Fomento. Está viejo y tiene frecuentes desperfectos que requieren reparaciones. Hasta aquí todo razonable.

Pero el artículo nos cuenta que “desde fines de junio, cuando la unidad de transporte escolar dejó de funcionar, la dirección hizo gestiones para su reparación. Las autoridades de Primaria ordenaron el traslado del micro a Montevideo recién el 2 de agosto pasado. Al inicio del año lectivo, el micro fue incorporado tres semanas después porque también se encontraba en reparación”.

O sea, entre que dejó de estar operativo y se resuelve comenzar a repararlo pasaron más de 30 días, a los que habrá que sumar lo que tarda la reparación y agregar los 20 días perdidos al inicio de las clases, cuando tampoco funcionaba. Más o menos 50 días de clase perdidos (compensamos las vacaciones de julio con lo que tardará la reparación). Un absurdo.

En la Junta Departamental de Salto se trató el tema: “Es inadmisible que por un problema de transporte los niños pierdan su tiempo de clase”. “El ómnibus pertenece a Primaria y los arreglos los hace la Intendencia”. “Los repuestos los provee Primaria e incluso el combustible y el chofer”. “El acompañante es solventado por la Comisión de Fomento”. En suma, se explicó la situación. Todo claro. Pero eso no es justificación y mucho menos solución.

El problema no es mecánico o de transporte. Es humano, son los chicos. Se dijo en la Junta: “Se necesita un micro más moderno que resista más tiempo sin romperse; la Intendencia debería proveer una unidad”. Debiera haberse aportado, a renglón seguido, una solución a ellos. En tiempo y forma.

Mientras no comprendamos que el tema y el problema son los niños y la educación que les damos y no les damos, seguiremos comprometiendo el futuro nacional. Si Primaria y la Intendencia, dos organismos principales con poder -que seguramente tienen en su cuenta gastos superfluos e inconducentes- no son capaces por sí mismos o en cooperación resolver la situación, les sugerimos dos opciones (pero puede haber decenas de otras que sean viables): alquilar un microbus para los días en que el transporte escolar está en reparaciones, o solicitarle al Ministerio de Defensa un vehículo en préstamo para cumplir con una gestión humanitaria -no en el Congo sino en Salto- que en rigor puede interpretarse como una tarea en defensa de la soberanía nacional como es educar a nuestra juventud.

Pero no, eso sale plata; es más barato apostar a la inoperancia que nos condena a la ignorancia y el costo endosárselo a la gente más desposeída o apartada. Linda forma de perder todos, explicada y justificada gracias a nuestra pasmosa idiosincrasia nacional que nos inhibe de indignarnos ante la mediocridad.

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