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¡Pobre educación, pobre enseñanza!

R.T. | Montevideo
@| \”Debemos ir a rescatar los conceptos tradicionales, clásicos y profundos de la educación, instrucción, en una nueva enseñanza moderna, laica, pública y privada, que acompañe la cinética del mundo actual y futuro.
Si bien los términos de instrucción y educación se confunden a pesar de que expresan ideas distintas, entre sí, están muy relacionadas.
Tienden las dos a un mismo fin: el perfeccionamiento del hombre; la educación es el cultivo, intelectual, moral y físico de todos los seres susceptibles de desarrollo y perfeccionamiento. La Instrucción, tiene por objeto principal formar y enriquecer las facultades intelectuales.
La educación ha sido siempre objeto de altísimo interés para los pueblos. Los gobiernos han ensayado todo tipo de estructuras educativas tendientes a dirigir la juventud señalándole el camino que conduce más fácilmente a la perfección posible en lo moral en lo físico y en lo intelectual.
La educación exige un equilibrio de desarrollo entre las tres facultades y un grado de desenvolvimiento que no es siempre el mismo, sino que ha de determinarse según la situación del educando: Así que puede ocurrir que exista un hombre bien educado y cuya instrucción sea limitada, y por el contrario, otro muy instruido y cuya educación sea deficiente, por haber roto el equilibrio entre su facultad intelectual, física y sobre todo moral. Esta es quizás, la más importante de todas, y carece de eficacia si no se funda en el libre albedrío del educando. La educación debe estar orientada a proponerse que el individuo contraiga buenos hábitos intelectuales y morales, esto es, verdaderas virtudes, las cuales suponen arraigadas convicciones de carácter.
En el hombre, por su unidad, es verdaderamente difícil establecer una diferencia entre las facultades morales e intelectuales, y, por tanto, también es difícil en extremo establecer la línea de separación entre la instrucción y la educación.
Para formar las costumbres es preciso dar principios; y como los principios no se establecen sino por la inteligencia, la instrucción concurre a la educación, así como la educación, con sus hábitos y costumbres de orden, de regularidad y de trabajo, concurren a la instrucción. Tenemos así la Educación transmitida, que diferenciamos de la Educación personal, que aparece posterior a la educación recibida; sin embargo, si se analizan detenidamente, ambas son simultáneas. Junto a los conocimientos que adquiere el individuo por iniciativa o impulso ajeno, adquiere otros o desarrolla los adquiridos por impulso propio.
En los niños, la primera educación la reciben en el hogar, y es la educación familiar, la educación natural de los primeros años de vida. En el seno del hogar verá lo bueno y lo malo, pero siempre lo verá con ejemplos y muchas de esas experiencias las vivirá como parte de esa familia, dependiendo siempre del nivel de educación de los padres.
En cambio, en el colegio, oirá explicaciones morales (si se las dan), le podrán decir que el trabajo es una gran virtud, pero en la casa podrán ver a sus padres trabajando por convicción en el afán se satisfacer sus necesidades y mejorar siempre la calidad de vida del núcleo familiar.
La educación personal se basa en la naturaleza humana. Esta le da al hombre facultades que hacen posible la educación; una de estas facultades es estudiarse a sí mismo, y otra es la de formarse a sí mismo. El individuo posee la facultad de recordar sus acciones pasadas, de observar sus acciones presentes, de apreciar sus capacidades y susceptibilidades diversas, lo que puede hacer y lo que puede soportar, y así es como aprende de una manera general cuál es su naturaleza y cuál es su destino.
Mas la educación personal no es posible solamente porque el hombre pueda conocerse a sí mismo, sino que puede obrar sobre sí, dirigirse, conducirse, cualidad sobre la cual está basada la responsabilidad humana\”.

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