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Pueblo Ramón Trigo

Jorge Cardozo Balero | Montevideo

@|El País publicó un artículo sobre el pueblo Ramón Trigo, en Cerro Largo. Lazos familiares y el afecto al pueblo que me vio crecer me impulsan a escribir estas líneas. A fines del siglo XVIII el Capitán de Milicias Don Bernardo Suárez del Rondelo -padre de quien fuera Presidente de la República, Don Joaquín Suárez- comienza una explotación ganadera en extenso predio de Cerro Largo. Con el tiempo, parte de ese predio con límite en arroyo Frayle Muerto comienza a ser reconocido como Rincón de Suárez.

A fines del siglo XIX un español natural de La Coruña, Ramón Manuel Trigo Varela, establece en Rincón de Suárez, en el pasaje y confluencia de los “caminos” que comunicaban con Melo, Frayle Muerto y Tacuarembó, el centro de sus actividades comerciales y agropecuarias, incluidas quintas frutales, viñedos y la bodega Santa Basilisa. La empresa también operaba en Paso de Aguiar, Las Toscas y en La Mina cerca de frontera con Brasil. Al decir de su hermana Carmen Trigo de Cardozo, en las instalaciones de la casa matriz se vivía en una permanente “romería”, como forma de expresar el fluir y permanencia de personas y familias, más la propia, trabajadores de campo y dependientes que vivían en las instalaciones.

Ese centro de actividades se convirtió en atractivo para quienes buscaban trabajo y así fue atrayendo a más personas y familias que las que podían acomodar las instalaciones. Ramón Trigo fue facilitando en su propiedad y muy cerca de la casa matriz, lugares para que esas personas se fueran afincando. Construyó la iglesia, para la que hizo traer de Italia una estatua de San Ramón, donó el predio para la Escuela Rural 83, y obtuvo presencia policial permanente.

Esto fue el principio rudimental del pueblo de hoy. Con los años el San Ramón de la estatua apoya la denominación del paraje como Cuchilla San Ramón. En los años 20 del siglo pasado el peso e influencia de las empresas de Ramón Trigo decayó por dificultades económico-financierias, lo que termina en quiebra y posterior remate. Aun con el eclipse los afincamientos subsistieron. Había escuela, presencia policial, la iglesia recibía a un sacerdote cada 2 o 3 meses desde Frayle Muerto. Los trabajos casi en su totalidad se orientaron a las estancias y algunos oficios ligados al campo, alambradores, quinchadores, guasqueros y changas. También hubo periodos en que las condiciones mejoraron, como sucedió del 1936 al 39, y del 47 al 55, por los beneficios que deparó a las exportaciones el conflicto de Corea, y por la construcción de los tramos de carreteras sobre rutas 26 y 44 que unieron al pueblo a Melo, Frayle Muerto y facilitaron la comunicación con Tacuarembó. Así fueron quedando atrás los transportes a tracción a sangre, carretas y diligencias, con frecuentes marchas a campo traviesa para encontrar pasos.

En 1977 el Poder Ejecutivo declara Monumento Histórico al “Antiguo comercio de Ramón Trigo situado en la Cuchilla San Ramón…”. Al plantearse la interrogante sobre el nombre oficial del pueblo, no cabría otra que la de “Ramón Trigo”. Por la ejecución de un Programa del BHU, entre 1987 y 1995 el pueblo fue reordenado y desarrollado. Contó con el apoyo del Sr. Silveira Díaz, entonces miembro del Directorio del BHU y persona de Cerro Largo, y el trabajo de una persona de la localidad que logra que el pueblo Ramón Trigo reciba la atención que su sensibilidad le indicaba: Doña Magdalena Arocena Pittaluga de Gari, esposa del Sr. Juan José Gari Bottaro (el Tinta), de profundo sentido humano y generosidad. Con más y confortables viviendas, energía eléctrica, agua potable, saneamiento, apoyo básico de policlínica, el pueblo ha crecido duplicando sus habitantes, con un testigo fundacional: la Escuela Rural Nº 83, y el resurgimiento de la iglesia que se derrumbó en 1968, en una parroquia con la estatua de San Ramón en predio donado por la Sra. Manuela Balero de Cardozo.

Ramón Trigo, nacido en La Coruña en 1855, se embarcó muy joven para aquel Uruguay que rondaba el medio millón de habitantes. Poco menos de siglo y medio nos separan de aquel principio rudimental, escenario donde las dificultades se explicaban por sí solas, pero no así las soluciones. Para estas debe haber estado el espíritu, decisión y empuje del inmigrante de La Coruña. Plantó sauces, pero también robles en el sentido figurado por su permanencia, y en el práctico por el bosque de robles que conocí.

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