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Reflexión sobre Mercosur

Songlof | Argentina

@| \”Un poco de historia ayudará para revisar el sentido de legitimidad y oportunidad de nuestras recientes acciones en el Mercosur.

Es preciso recordar que el primer virreinato se instaló en Asunción del Paraguay. Desde allí llegó Hernandarias para introducir el ganado vacuno, el que luego sería una de las principales fuentes de ingresos de la Provincia Oriental.

Recibe Paraguay a nuestro Prócer poco después que el Congreso de Tucumán rechazara a los delegados de la Provincia Oriental. El centralismo porteño entonces, como ahora, reniega de la libre condición de los pueblos y su derecho a la autodeterminación orgánica y política. Será también, una vez más, el espíritu del centralismo porteño el que anime el sitio de Montevideo durante la Guerra Grande. Poco después, cuando Uruguay pretendía reanudar su vida democrática en paz, nos vimos arrastrados por los vecinos a participar de la triste Triple Alianza. El resultado es conocido, la devastación del Paraguay y el aumento de las asimetrías regionales.

La historia continúa. Uruguay, como siempre y por suerte, vuelve a empezar. Andando el tiempo se superan diferencias graves con Argentina. Se logra equilibrio fluvial con dos grandes instrumentos para la regulación del Río de la Plata y el río Uruguay. Consolidamos nuestra soberanía y negociamos aspectos de navegación y explotación.

Comercialmente se pone en funcionamiento el sistema de la Cuenca del Plata, los tratados del Cauce y el PEC. Todo indica un paso adelante hacia la integración.

Llega finalmente la concreción de la reunión de los Estados de la región. Caracterizados por la interacción de años de encuentros y desencuentros históricos y culturales, una vez más hablamos de Asunción. Se firma el tratado y se crea el Mercosur. Uruguay guarda esperanzas de crecer y trascender en el mundo como país sede.

Pero la realidad es otra; a nadie le interesa mucho el bloque. Una nueva cortina de humo, que se viste de normas con las que se busca salvaguardar los intereses de siempre. Por otra parte, esas herramientas jurídicas son las que, bien usadas, han permitido marcar las diferencias positivas. La identidad de cada uno de los pueblos se mantiene más allá de la firma de un tratado de integración. Así, la capacidad de esos pueblos de autodeterminarse y solucionar sus conflictos internos, debe prevalecer por encima de los intereses de terceros aunque aleguen las mejores intenciones. Los instrumentos jurídicos deben ser respetados, no manipulados. Nadie debería manipular los derechos de los pueblos.

Se invoca el protocolo de Ushuaia, con su cláusula democrática, para reivindicar una situación de golpe de Estado en Paraguay, empero, no se aplica ninguno de los paliativos que previó ese instrumento internacional. Ausentes están los buenos oficios, las misiones diplomáticas. Así, instrumentos básicos y de largo arraigo en el derecho internacional son sustituidos por `medidas prácticas` tenidas como graves en el protocolo mencionado.

Se presumen los hechos, no se lleva a cabo ningún procedimiento alternativo. Se suspende a un miembro pleno y se lo sustituye por otro que aún no prueba reunir las condiciones de ingreso.

La historia indica una vez más las características del entorno y la dificultad de hacer valer y respetar los derechos. Uruguay ha acompañado en el órgano máximo de Mercosur (grupo mercado) el ingreso de Venezuela.

La normativa exige unanimidad de los miembros para hacerlo. Uruguay ratificó (Asamblea General, septiembre 2006) una decisión viciada de nulidad. En tanto al momento de la toma de decisión por el Grupo Mercado Común, no existía unanimidad, en vano puede aducirse que la ratificación parlamentaria de los Estados produzca efectos retroactivos al momento de su aprobación. Dicha aprobación estaba viciada de nulidad absoluta por falta de un requisito esencial: la unanimidad. El ingreso en cuestión no debe hacerse efectivo en tanto los parlamentos no ratifiquen nuevamente. Las circunstancias de la resolución de ingreso son otras. Se trata de una nueva resolución y si se quiere actuar respetando el derecho, debe exigirse una nueva ratificación.

Es posible cambiar las cosas. Si el ideal sigue siendo preservar los principios y desarrollar la región, recordemos que la soberanía radica en la nación. Que actúe el Parlamento, allí está la representación de aquellos que pensamos diferente. Quiero pensar que Artigas y Hernandarias apoyarían esta idea\”.

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