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Salud Pública. No fue azar o mala suerte

Florencia Cornú | Montevideo

@| \”Anoche, cuando volvíamos a casa, un auto que venía en sentido contrario mordió el cantero central y cambió de mano. Rozó en la parte trasera de mi auto sin mayores consecuencias. De pasar por allí unos segundos antes, no nos hubiera tocado. De pasar unos segundos después, nos hubiera chocado de lleno. Eso es suerte.

Mi marido, que conducía el auto, no dio un giro brusco con el volante, ni frenó de golpe, derrapando en el pavimento mojado e impactando contra la columna de la vereda. Eso es pericia.

El auto que venía detrás de nosotros, apenas a unos segundos de diferencia, recibió todo el impacto. Eso es (mala) suerte. La chica que lo conducía llevaba puesto el cinturón de seguridad. Eso es prevención.

El fin de semana, una mujer concurrió a un hospital público con una complicación en su embarazo producida por `placenta previa`. Podría decirse que esa complicación integra el azar, la estadística, uno de cada tantos embarazos lo presenta. Tal vez no sea evitable, no soy médico, no lo sé.

Que muriera unas horas después del ingreso no es mala suerte. No es azar. Es parte de una realidad que es imperioso cambiar.

Y acá no vale utilizar el tema desde la oposición para obtener rédito político. No debería hacer falta recordarles que esta realidad no es nueva y que situaciones como ésta se han repetido en todas las administraciones.

Tampoco vale salir a mostrar las cifras de cuánto mejoramos, de cuánto más gastamos en salud: no hay cifra que le explique a dos hijos adolescentes y a un niño recién nacido que su madre murió porque no había un cirujano, un anestesista, un ginecólogo o una ambulancia para trasladarla.

Y luego vendrán las explicaciones, que seguro se encuentran. Y luego vendrán las investigaciones administrativas, las pericias poco concluyentes, las sentencias que se conformarán con `tirar de las orejas` a las autoridades sin condenarlas, la falta de nexo causal, las indemnizaciones ridículas.

Pero nada de eso importa. Eso es después, es un después que no debería acontecer nunca, porque nadie debería morir, en un país del tamaño del nuestro, sin asistencia.

Paso de los Toros tiene cerca de 13.000 habitantes, de los cuales la mitad son mujeres. No es como Mal Abrigo, una población de 344 habitantes, cerca de San José, en la que hace unos años murió otra mujer joven por causa de un ataque de asma al no encontrar en el pueblo una ambulancia que la trasladara o una policlínica con un simple balón de oxígeno. En aquel momento el TAC que intervino concluyó que la enferma `selló su suerte` al mudarse a Mal Abrigo, un lugar `lejos pero cerca`, `dentro pero fuera`, una realidad `signada por la exclusión`. Ayer escuché que alguna autoridad también refirió a la `mala suerte` de esta mamá de haber llegado a la guardia `justo` el día en que no había especialistas.

Tal vez sea hora de que comencemos a pensar en la atribución que tiene el alerta en el resultado de los eventos y la diligencia debida como forma de interrumpir, con acciones positivas, el curso causal.

Lamentablemente la discusión se va a centrar en este caso, van a volar culpas, ataques, oportunismos, golpes bajos, espuma que con el correr de los días, cuando aparezca un nuevo `trending topic` va a quedar en el olvido.

Otra vez nos vamos a perder la oportunidad, obtenida a un precio tan alto, de volver a pensar sobre la planificación del sistema, uno que funcione en el organigrama, en las presentaciones de Power Point y también a las cuatro de la mañana en Paso de los Toros, o un domingo en Mal Abrigo.

Nos perdemos la oportunidad de volver a pensar sobre el acceso real, universal y en condiciones de equidad a las prestaciones de salud.

Mala suerte\”.

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