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Y la mano en la lata

Arq. Ignacio David  Weisz | Montevideo
@| \”Los jóvenes, afines a generosos planteos comunitarios, en contraposición a egoístas acciones individualistas, luego descubren que ninguna ideología o religión es lo que esperaban. No todos los que portan una cruz son verdaderos cristianos; ni los que van a la sinagoga cumplen con los preceptos de la Torá; ni todos los que dicen que son de izquierda o de derecha van en ese sentido.
El ser humano es imperfecto y por eso comete errores. Un expresidente dijo: \’Podemos meter la pata, pero no la mano en la lata\’. Un drástico senador agregó: \’…al que meta la mano en la lata se la cortamos\’. Ergo para justificar las fallas humanas, se debería revisar todas las acciones \’públicas\’. Los hechos demostraron que entre metidas de pata y en la lata, el pueblo está perdiendo millones de dólares. Ejemplos de corrupción y malversación: Casinos: US$ 16 millones; Ancap:       US$ 200 millones; Pluna: US$ 500 millones.  
Corolario: nadie es 100% cristiano, judío, de izquierda o de derecha.
Asumida la falibilidad: ¡doña Tota o don Toto tá!… Pero Fulano de tal, jerarca en una institución con superiores; controles internos y externos, que recurra a dineros de la comunidad, eso ya es harina de otro costal llamada \’la mano en la lata\’. Para colmo, defendido por quienes anteponen favores personales y la política partidaria a la ética, la moral y las leyes constituidas. Los cargos públicos conllevan obligaciones y responsabilidades. La primera es actuar cristalinamente.
¿Por qué la izquierda, que pregona verbos de cualitativo progreso, de superación de la sociedad, antepone su ideología a los comprobados delitos cometidos en \’reiteración real\’; no en beneficio de la comunidad o de su tribu sino del indio sin plumas que se cree caciquillo?
Pero hay consecuencias graves.
El poderoso accionar de los sindicatos. La unificación de voluntades para la defensa integral de los trabajadores es un objetivo social deseable. Los paros, huelgas y acciones delictivas, para favorecer demandas corporativas, por encima del interés general no lo son. Los sindicatos deben impedir que arruinen sus superiores objetivos y empañen su imagen. El poder corrompe si carece de control. Perjudica a quienes honestamente la defienden y a la ideología que representan. Los sindicatos son parte de la comunidad y si esta debe mejorar, aquellas deben acompañar esa tesitura. El mejor sindicalismo no es el que más huelgas hace sino el que no le da la espalda a la comunidad. Los intereses entre gobierno y sindicatos no deben confundirse. El pueblo elige a los primeros no a los segundos. La gobernabilidad no implica complicidad sindical.
Beneficiar las fuentes de trabajo mediante ilícitos no son de recibo. El fin nunca justifica el delito. Quienes sabían del manejo abusivo de dinero e influencias, comprobado por la Dir. Gral. de la Lucha Contra el Crimen Organizado, deberían asumir su responsabilidad. La Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP) no pueden alegar que ignorara actuaciones de su representante. ¿Y las actitudes de integrantes de la FFSP impidiendo la comunicación con los medios, colectando fondos para la defensa de quienes ya fueron procesados y demostrando actitudes patoteriles?
Si la FFSP acusa a \’la derecha rancia, las corporaciones, los operadores políticos, los empresarios y los burócratas\’ por haber iniciado la investigación… ¿qué opinan del Poder Judicial que comprobó lo que se investigó? El revanchista \’ahora nos toca a nosotros\’ sería entendible si el expoliado fuera un tirano, un explotador, quien lucra con las miserias ajenas. Pero el robado y estafado es el pueblo. Cuando un integrante del poder político logra beneficios con medios ilegítimos desmerece su rol y perjudica aquello y aquellos para los cuales buscó ventajas. Los jerarcas, los superiores de quienes cometieron delitos, incluso excarcelables, deberían ser radiados de la actividad pública pues, a pesar de su ideología y de su religión, demostraron ser incapaces, ineficientes y religiosamente poco creyentes\”.

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